DaviviendaDesde hace varios años, a la fuerza comercial del banco Davivienda le modificaron las reglas de juego para el pago de los incentivos. Pese a que la administración cuenta con los mejores informadores (artífices del mejor negocio) del sector financiero satisfaciendo tan exageradas metas, estos se mantienen endeudados hasta el cuello a consecuencia de los bajos ingresos percibidos si los comparamos con la media del mercado laboral. Los trabajadores con cierta antigüedad, añoran con nostalgia aquellos años en los cuales disfrutaban de un trabajo sin tantas presiones e incertidumbres laborales.

Con el actual modelo comercial de pago por cumplimiento de bolsas, los informadores se sienten estafados. No es justo que al cumplir con presupuestos mensuales de más de $500 millones, estos no sean bien remunerados por causa de políticas que benefician al empleador en perjuicio de los trabajadores; desconocer el 20% del incentivo por la cartera morosa, cuya responsabilidad le compete solo al cliente, y otro 20% del mismo por que sus compañeros de oficina no alcanzaron los objetivos de la administración, riñe con los principios pregonados por los teóricos del sistema capitalista: el utilitarismo de Bentham y el individualismo económico de Smith. El banco gana con cara y con sello en este escenario donde el empleado es el damnificado con el resultado colectivo o el esfuerzo individual.

En la perturbada mente de los banqueros de la casita roja, las vacaciones del trabajador se computan para el incentivo como si ellos hubiesen laborado por las metas en su ausencia temporal. Al regresar de su descanso renumerado, los informadores encuentran un panorama desolador por no tener con qué pagar los gastos normales del hogar. Para evitar el descuadre, antes de salir a disfrutar de su descanso determinado por ley, triplican esfuerzos ejecutando el 300% de lo que les ordenan en detrimento de su propia salud.

Para lograr que el banco ponga en orden su sistema de pago de incentivos y resolver las dificultades que azotan la relación laboral, la base trabajadora deberá ejecutar las tareas necesarias orientadas por ACEB en defensa del próximo pliego de peticiones que será presentado a mediados de junio de 2018. Allí se solicitarán los obligados aumentos salariales correspondientes a los dos años de vigencia de la convención colectiva de trabajo; igual, pediremos los debidos incrementos en las primas de servicios, de vacaciones, de antigüedad y en los auxilios, tal como los perciben los demás empleados bancarios. Pero lo más significativo, para los funcionarios al servicio del cliente en el banco Davivienda, es suscribir la jornada laboral de 40 horas (5 días a la semana) y acabar con las modificaciones unilaterales en cada uno de los contratos de trabajo.

Para alcanzar dichos objetivos, la ACEB pondrá su experiencia, su tenacidad y toda su militancia bancaria. La contienda contra la administración se dará en condiciones diferentes a las del año 2015 porque ya contamos con el reconocimiento sindical y la caracterización de la entidad bancaria en el ámbito sindical, experta en maniobras para negar los derechos de su gente. Un banco que le da tratamiento de enemigo a los afiliados sindicales irrespetando el libre derecho de asociación contemplado en la Constitución Política de Colombia, encontrará grandes dificultades para mantener, interna y externamente, su imagen de buena empresa. Una de las virtudes de nuestra Asociación es el respeto por las instituciones bancarias. Por definición, el sindicato busca mejorar las condiciones de los bancarios sin recurrir a presiones que las perjudiquen, pero este banco no ha valorado la presencia de la ACEB. Estamos preparados para la confrontación. Trabajadores del banco Davivienda: ¡avanzar por nuestros derechos!

Por Carlos Monroy

Dirigente Seccional ACEB Medellín