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El síndrome de burnout, también conocido como síndrome del trabajador quemado, es una afectación que consistiría en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia, apatía y negación de lo ocurrido.
Se escuchó hablar por primera vez de este síndrome en 1969 por H.B. Bradley, quien lo describió como un fenómeno psicosocial presente en oficiales de policía de libertad condicional, utilizando el término staff burnout. Posteriormente, en el año de 1974 Freudenberger propone un concepto centrado en un estudio netamente organizacional, él propone que son sentimientos de agotamiento y frustración además de cansancio, que se generan por una sobrecarga; él incluye en su explicación el término de adicción al trabajo, siendo también el primero en proponer este tipo de relación asociada a un desequilibrio productivo. Posteriormente, en el año de 1980, Freudenberger amplía su teoría y conceptualización agregando que estos sentimientos se deben a cargas irracionales de trabajo que ellos mismos o quienes los rodean les imponen.
El concepto se fue ampliando, y además de lo anterior hoy se considera que el síndrome del trabajador quemado o síndrome de burnout se atribuye a una mala organización de las tareas por parte de la empresa o a la propia autoexigencia, cuando el trabajador es perfeccionista.
Los trabajadores con más riesgo de llegar a padecer el síndrome de burnout son aquellos trabajadores que atienden clientes de manera permanente o duradera. Dichos trabajadores son reconocidos como de alto desempeño o como de manejo y confianza, comprometidos con su trabajo y con altas expectativas respecto a las metas que se proponen, en las que el burnout se desarrolla como respuesta a estrés constante y sobrecarga laboral.
El síndrome de burnout llega a padecerlo con más frecuencia quien trabaja el sector de la salud (médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, etc.), docentes y personal administrativo. Respecto al género, diversas investigaciones indican que las mujeres son las que más llegan a padecer el síndrome del trabajador quemado.
Los síntomas que presenta un trabajador que padece el síndrome de burnout es un fuerte sentimiento de impotencia, ya que desde el momento de levantarse se siente cansado. El trabajo no tiene fin y, a pesar de que se hace todo para cumplir con los compromisos, el trabajo nunca se termina. La persona que lo padece se vuelve anhedónica, es decir, que lo que anteriormente era motivo de alegría ahora no lo es, en otras palabras, pierde la capacidad de disfrutar. Aun cuando se tiene tiempo para realizar la tarea, se siente siempre estresado. A diferencia de lo que ocurría al principio, el trabajo ya no produce incentivos para la persona afectada con burnout. Visto por otras personas, aparenta sensibilidad, depresión e insatisfacción.
El síndrome burnout suele deberse a múltiples causas, y se origina principalmente en las profesiones de alto contacto con personas, con horarios de trabajo excesivos. Se ha encontrado en múltiples investigaciones que el síndrome ataca especialmente cuando el trabajo supera las ocho horas diarias, cuando no se ha cambiado de ambiente laboral en largos periodos de tiempo y cuando la remuneración económica es inadecuada. El desgaste ocupacional también sucede por las inconformidades con los compañeros y superiores cuando lo tratan de manera incorrecta, esto depende de tener un pésimo clima laboral donde se encuentran áreas con condiciones de trabajo inhumanas.
Existen dos factores de riesgo para la aparición del síndrome burnout.
• El estrés como resultado de una responsabilidad, que con frecuencia supera las capacidades del individuo para resolverlas, y si a esto le agregamos la incertidumbre del futuro, los problemas económicos y las relaciones familiares con poca tolerancia, son fuertes detonantes
• El trastorno del sueño y el efecto que causa en el desempeño laboral y académico ha sido estudiado y recientemente sujeto a regulaciones, está comprobado que la falta de sueño modifica la concentración y altera la capacidad de decisión y que como resultado se incrementan los errores con consecuencias fatales.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de ciencias de la salud ha identificado tres perfiles de burnout:
Frenéticos: son aquellos trabajadores que tienen la sensación de estar sobrecargados, abandonando su vida personal y su salud para atender solamente su trabajo.
Sin desafíos: se sienten indiferentes hacia las tareas que tienen que realizar. No se sienten motivados y tienen en mente cambiar de trabajo. Suele asociarse a profesionales ligados a trabajos de tipo administrativo.
Desgastados: sienten que no controlan los resultados de su trabajo y que no se les reconoce el esfuerzo. Finalmente optan por ser negligentes y por abandonar sus responsabilidades.
En los tres casos se requiere ayuda profesional para que se diagnostique el grado y ayude a reorganizar los pensamientos, sentimientos y conductas.
El compromiso de las empresas para prevenir el síndrome es esencial, ya que muchas veces se debe a la falta de organización de la propia compañía. Estilos de mando excesivamente rígidos o metas inalcanzables que no permiten al trabajador tomar decisiones, horarios poco flexibles o formas caprichosas de premiar o castigar el esfuerzo son algunas de las dinámicas que deben analizarse y modificarse. Una recomendación es que las empresas integren en sus programas formativos talleres que enseñen a sus trabajadores herramientas para hacer frente al estrés. El procedimiento a seguir es que un grupo de expertos evalúe el nivel de agotamiento de los empleados, haga un diagnostico y ofrezca un tipo determinado de intervención.
Una práctica que ha demostrado su eficacia es destinar los últimos diez minutos de la jornada laboral a realizar ejercicios de estiramiento, así se han reducido los indicadores de agotamiento de los empleados como también el ausentismo laboral. El capital humano es el valor más importante de las compañías y una persona capacitada laboralmente que hace bien su trabajo hay que cuidarla.
Para concluir, podemos decir que donde se estimula a los trabajadores y se reconoce su talento y esfuerzo más que el dinero, se disminuye el riesgo del síndrome de burnout.

Fuentes: Montero Marín Jesús./Maslach Christina./Freudenberger Herbert./htpp.//economía.elpais.com

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