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Una consecuencia lógica de la pandemia del Covid-19 que ha conllevado al confinamiento de los seres humanos y al cierre de la inmensa mayoría de la actividad productiva de los países, es la contracción de la economía y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, situación que se torna más impactante, según el nivel de desarrollo que posea el país y del modelo económico que lo rija.

Cuando al frente de los destinos del Estado, hay una clase dirigente comprometida con los intereses de la nación, esta trata por todos los medios de salvaguardar la economía, como una forma de preservar los empleos, para lo cual no dudan en tomar medidas de alivios tributarios reales, de otorgar subsidios a los diferentes sectores y ayudas a los trabajadores y a la ciudadanía en general.  Eso han hecho innumerables países entre ellos China y Alemania.

Pero cuando los gobernantes son el producto de la manipulación y del constreñimiento a los electores para alcanzar los cargos de poder en función del enriquecimiento ilícito, como sucede en la casi totalidad de los países del denominado tercer mundo, del cual hace parte América Latina y por supuesto Colombia, lo que se procura es utilizar la pandemia y el aislamiento para sacarle el mayor provecho a la difícil situación, en beneficio tanto personal como del reducido grupo que los acompañan en la toma de decisiones.  Esto permite afirmar sin temor a equívocos que, a estos depredadores corruptos, cuando se presentan situaciones como la pandemia, es como si se les hubiese aparecido la virgen.

El tema de la pandemia es un fenómeno mundial, que en muchos países va en vía de superarse, aunque las secuelas demorarán mucho en desaparecer. En Colombia, según planteamientos realizados por los expertos, el manejo que se le ha dado al problema ha llevado a ralentizar la llegada a la cresta de la curva epidemiológica.  Así mismo se manifiesta, que hay un retraso en el análisis de las pruebas, que permite calcular que, aproximadamente el 82% de los datos suministrados por las autoridades de salud, no son confiables, pero a los colombianos tratan de someterlos vendiéndoles información falsa, con cifras amañadas que se acompañan de una serie de promesas que no se cumplen y del manejo abusivo de los medios de comunicación.

Por orden del gobierno se archivó el proyecto de ley aprobado en el Senado de la República, que entregaría a los colombianos más vulnerables un beneficio denominado “Renta Básica”, consistente en un auxilio mensual equivalente a un salario mínimo legal, con lo cual necesariamente se hubiese dinamizado la economía, se estarían evitando los despidos y minimizando la crisis que hoy vivimos.

Otra medida que el Gobierno desechó consistió en hacer uso de las reservas internacionales, para no tener que acudir a los prestamistas internacionales, ahora es la ANDI, por intermedio de su presidente Bruce MacMaster, quien exige que le sea solicitado un préstamo al Banco de la República, por una única vez, de hasta por 50 billones de pesos, con bajos intereses y a largo plazo, para palear una situación que está demoliendo las bases de la economía.

Vale precisar que, esta misma figura hace muchos meses atrás y de forma reiterada, fue solicitada infructuosamente por el sindicalismo colombiano, pero este gobierno solo esta interesado en salvar su imagen política y el futuro del mal llamado Centro Democrático.

LA CRISIS SOCIAL Y ECONÓMICA Y EL PAPEL DE LA BANCA

Para nadie es un secreto el rol que ha jugado la banca a lo largo de la historia de nuestra nación, especialmente en los últimos años. Todos conocemos lo determinante que fue el Grupo AVAL en la elección del actual presidente de la República, Iván Duque Márquez, como también es de conocimiento público, que una de las primeras donaciones al gobierno la hizo ese grupo, por valor de 80 mil millones de pesos, para ayudar a la atención de los afectados por el confinamiento.

Es entendible entonces, que las medidas del gobierno hayan beneficiado, antes que, a nadie, al sector financiero, entregándoles el manejo de los dineros destinados a la supuesta ayuda a las personas de escasos o nulos recursos.

El beneficio que logran estas entidades financieras es evidente, ya que obtienen ventaja de esta adversa situación, en virtud a que impactan doblemente sus ingresos al cobrar a la Hacienda Pública una comisión por dispersar estos dineros y, por otro lado, al bancarizar a la población susceptible del auxilio, con tasas plenas de mercado, con lo cual promueve la expansión de los bancos a lugares a los cuales, en condiciones normales, nunca hubieran accedido.

Además, es oportuno resaltar que este gobierno desconoce intencionalmente que posee una infraestructura bancaria llamada Banco Agrario de Colombia con amplia cobertura nacional que puede cumplir perfectamente el objetivo de la entrega de estos recursos con menores impactos de costo para las partes.

Por otro lado, el Banco de la República inicia una serie de recortes a las tasas interbancarias, con rebajas mensuales que al mes de agosto se sitúan en el 2.25%, cuando al comienzo del año 2020, se encontraba en el 4.25%, lo que les permite a los bancos un flujo de capital que garantiza los fondos suficientes para soportar la crisis, pero sin que esta disminución se vea reflejada en las tasas comerciales a los clientes y que aún mantienen vigentes después de casi 150 días transcurridos desde el inicio de las mencionadas rebajas .

Es posible, en virtud a que la actividad económica de ciertos sectores se ha paralizado, que la cartera de los bancos se vea impactada negativamente en sus cifras de default, así como el ingreso per cápita de los colombianos. La crisis de diferentes sectores económicos, que a su vez impacta el ingreso de las personas no se puede equiparar a la situación que hoy ostenta el sector financiero, toda vez que, en este contexto, posiblemente hayan disminuido sus ingresos, es decir se reducen sus ganancias, lo cual no significa que estén asumiendo pérdidas, incluso los alivios les han resultado un jugoso negocio, porque de un lado han saneado sus carteras y de otro han creado nuevas cargas a sus clientes ya que los intereses, durante esos periodos de alivio se siguen cobrando  y el número de cuotas pactadas originalmente se han incrementado, en otras palabras las dificultades de  los colombianos, los bancos las convierten en nuevas fuentes para fortalecer su negocio.

Las expectativas de los deudores bancarios frente a los famosos alivios financieros, radicaban en que falsamente creyeron que se iban a economizar el pago de los intereses durante el periodo de gracia, pero, una vez finalizados los periodos, estos intereses fueron facturados y lo que es peor, algunos bancos impusieron el modelo sin consultar a sus deudores. Y es que históricamente las entidades financieras son el único sector que siempre ha salido incólume de las diferentes crisis, por tanto, no tiene ninguna presentación que los bancos antes que salir a aportar su cuota de sacrificio, para evitar el colapso de la economía, salgan es a promover su recrudecimiento, con cierres de oficinas y despidos indiscriminados, que se disfrazan tras una supuesta renuncia voluntaria de sus trabajadores.

A pesar de la crisis generalizada, el 1.63 millones de pequeños empresarios colombianos, mantienen el 60% de los empleos en el país, aun en medio de la difícil situación y ante el hecho de que no han recibido apoyos económicos del gobierno, como si ocurrió con los bancos, los que paradójicamente se encuentran desconectados con las necesidades del pueblo colombiano al implementar una serie de políticas que se manifiestan en la acción de cierre de oficinas y despidos de trabajadores.

Lo realizado por los Bancos ITAÚ y BBVA Colombia el viernes pasado (21 de agosto), con el cierre de oficinas y despidos de trabajadores, no es consecuente con el momento angustioso que vive el pueblo colombiano, pero deja ver la insensibilidad de los dueños del capital, para quienes las utilidades y el rendimiento financiero, constituyen su única y exclusiva razón de ser.

Por tal razón, la Asociación Colombiana de Empleados Bancarios ACEB, rechaza categóricamente los despidos laborales del pasado 21 de agosto de 2020, en tiempos de pandemia, desviando semánticamente su configuración como mutuo acuerdo con los trabajadores.

 ITAÚ EL ETERNO NEGRERO

Lo que hoy es Itaú en Colombia tiene una oscura trayectoria en nuestro país, seguramente por cuenta de la continuidad de gran parte de su equipo de dirección que siempre ha acudido al mismo expediente, cierre de oficinas y despidos disfrazados.

Tomando por sorpresa a los empleados, cualquier día los reciben con la carta de despido, luego le dicen que sus cargos se acabaron y que esa es la razón de su determinación, para luego “CONCEDERLES” la alternativa de la “renuncia voluntaria” a cambio de pequeñas migajas, que se suman a lo que el despedido debe recibir por disposición legal.  Así se lavan las manos y de paso, eluden las posibles acciones jurídicas por despidos masivos.

El recuento, a grandes rasgos, de las personas que perdieron sus empleos el pasado viernes, arroja una suma de 200 trabajadores de todos los niveles, desde gerentes regionales, hasta auxiliares y esto sin contar los estragos causados en los outsourcing, sobre los que nos es difícil tener algún control.

Es tan ciega e irreflexiva la decisión del Banco que incluso en los despidos incluyó al representante de los trabajadores en el comité de convivencia, compañero JUAN MANUEL PENAGOS, situación que, siendo extremadamente torpe, es compresible al tenor de la cantidad de despidos, pues, ¿Cuál convivencia en un banco con una dirección tan absurda como la que tiene ITAÚ? En materia de cierre de oficinas, se conoce que mas o menos 15 sucursales fueron clausuradas.

Los despedidos, como realmente deben denominarse, enfrentan la terrible situación de tener que salir a autosostenerse y sustentar a sus familias con unas sumas de dinero que si acaso les permitirán sobrevivir durante algunos meses, porque la realidad es que en este momento no hay posibilidades de hacer emprendimiento sustentable ni sostenible; la denominada “economía naranja” no es más que un embeleco del gobierno para crear burocracia en favor de sus alfiles, invertir en actividades novedosas es una verdadera aventura y guardar esos recursos en los bancos, sería la peor alternativa por los casi nulos intereses que reconocen estas entidades, a los ahorradores. Ahora si lo que se trata es de conseguir otro empleo, peor, sería prácticamente un milagro encontrar uno, según el DANE, la medición más reciente alcanzó el 19.8% de desempleados, siendo esta una cifra maquillada a la baja.

DESPIDOS MASIVOS EN BANCO BBVA COLOMBIA

Este banco extranjero, que solo busca conseguir beneficios monetarios de forma rápida, sin importar los efectos que causa, como es el crecimiento en la tasa de desempleo, despidió a nivel nacional a una serie de trabajadores obligándolos a firmar una carta de despido sin justa causa.

Es sorprendente la falta de solidaridad con sus trabajadores, los cuales prestaron su servicio por varios años como generadores de riqueza a dicha entidad, y hoy en época de pandemia, donde se requiere un sentido de responsabilidad social, los deja en el camino.

En el reporte de la Superintendencia Financiera, informa que el BBVA se mantuvo a la cabeza del Rankin de la banca extranjera con ganancias por 206 mil millones.

Por ello exigimos solidaridad para ayudar a la contención del SARS-CoV-2, igualmente, apoyo a sus trabajadores durante este tiempo de crisis y que cesen los despidos a nivel nacional.

Los despidos masivos disfrazados de negociación voluntaria son un atentado a la dignidad de los trabajadores colombianos, en que cabeza cabe que un trabajador que tiene un empleo con muy buenas prestaciones extralegales, en momentos de pandemia con los altísimos índices de desempleo, este interesado en renunciar a sus ingresos y lanzarse a una aventura que no garantiza absolutamente nada.

Sobre este particular: La Corte Suprema de Justicia en su sala laboral mediante sentencia 22842 del 30/09/2004 y mediante sentencia T-064/2017 de la Corte Constitucional se establece:

“La renuncia es una de las formas que existen para dar por terminado un contrato laboral. Esta manifestación que tiene origen en el trabajador, debe efectuarse en un marco de libertad, ajena a cualquier tipo de presión, para que pueda producir plenos efectos jurídicos.

Es así que, con anterioridad a la promulgación de la Constitución Política de 1991, la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia definía la renuncia como aquella “(…) dejación espontánea y libre de algún bien o derecho por parte de su titular. [No pudiendo] ser un acto sugerido, inducido, ni mucho menos provocado o compelido por persona distinta de su autor”.

LO QUE VIENE

Queda claro que la negociación colectiva que debemos adelantar a mediados del año venidero, va a ser especialmente difícil por los avances de la digitalización, ahora complicada aún más con la implementación del trabajo en casa y del teletrabajo; tenemos que adelantar la mejor campaña posible para reponernos de este duro golpe, se hace urgente promover la afiliación masiva, esta es una tarea que corresponde realizar a todos los compañeros que afortunadamente cuentan con un fuero sindical, es la única o tal vez la más importante respuesta que podamos dar a  la política antisindical de este Banco en Colombia. Las cosas van de mal en peor, pero no estamos derrotados, hay mucho por hacer, todos los compañeros y compañeras son fundamentales, sus aportes son indispensables para poder crear una barrera de contención, este no es un problema que se pueda resolver con medidas individuales, ni mucho menos limitándose a criticar o a lamentarse, todo lo contrario debemos crear un ambiente de confrontación, son siete (7) negociaciones simultaneas que bien administradas nos pueden ayudar al logro de mejores resultados.

ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE EMPLEADOS BANCARIOS – ACEB –

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