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EN EL PLEBISCITO
POR QUÉ LOS TRABAJADORES BANCARIOS Y EL PUEBLO EN GENERAL DEBEMOS VOTAR POR EL SÍ

Sindicato: por qué y para qué
En Colombia existe una clase que detenta el poder desde los inicios mismos de la República, una vez los colombianos nos liberamos del yugo español, caímos en manos del bipartidismo liberal-conservador y desde entonces hemos visto cómo una pequeña casta se enriquece a expensas del sacrificio de la inmensa mayoría de nuestros compatriotas; existe en nuestro país un puñado de familias que se las han arreglado para transmitirse el control de todos los estamentos del Estado de generación en generación, lo cual les ha permitido acumular cuantiosas fortunas.

Los López, los Santos, los Pastrana, los Lleras, los Ospina y ahora las familias que emergen como producto de capitales de oscura procedencia, aupados por el paramilitarismo y el narcotráfico, entre quienes se cuentan los Uribe Vélez, se enfrascan en una disputa por la supremacía en el control del país, que disfrazan tras una supuesta diferencia sobre cómo defender “los más caros intereses de la patria”, cuando en realidad es una treta para seguir utilizando al pueblo en beneficio de sus más turbios intereses, que son claramente contrarios a los intereses de Colombia.

En grandes e históricas jornadas, los colombianos hemos logrado que quienes detentan el poder accedan a permitir la creación de organizaciones sociales, con clara vocación de clase para reivindicar sus derechos, tal es el caso del sindicalismo, que surge como parte de una oleada mundial mediante la cual los trabajadores se levantaron a exigir mejores condiciones de vida y de trabajo. Lo que ha obligado a los dueños del capital a aceptar la constitución y proliferación de organizaciones sindicales ha sido la confrontación directa (el paro, la huelga), aun que lo hacen muy en contra de su voluntad y de sus intereses.

Los sindicatos no crecen, difícilmente se desarrollan, y a pesar de sus esfuerzos no logran motivar a los trabajadores para que se organicen, pero no porque el colombiano del común no tenga intrínseca su necesidad de mejorar su nivel de vida, sino por la permanente y cada vez más sucia campaña de la burguesía en contra de todo lo que implique organización del pueblo para defenderse de las clases dominantes. Los empresarios y la clase dirigente odian que los trabajadores se organicen en sindicatos, pero ellos mismos entienden que la mejor forma de sacar adelante sus proyectos es uniéndose en torno a agremiaciones, que no son otra cosa que sindicatos de empresarios, eso es lo que realmente son la Andi, Fedegán, Anif, etc.

La función de los sindicatos es defender a los trabajadores, y mediante su lucha propender por una redistribución de la riqueza que estos mismos generan con su esfuerzo. Lo justo debería ser que los trabajadores recibieran al menos una pequeña parte de esa fortuna, pero los patronos, que son los únicos beneficiarios de este sacrificio, en lugar de ser medianamente equitativos, se apropian de toda la utilidad (plusvalía) y lo hacen de manera cada vez más agresiva mediante las infames formas de contratación.

Los colombianos debemos de una vez por todas romper esos dogmas que nos han impuesto, debemos canalizar nuestro descontento, dejar a un lado el miedo y decidirnos a crear sindicatos, para cambiar el estado de cosas que en nuestra contra han ideado los empresarios y sus representantes en el gobierno.

Todos tenemos derecho a salud, vivienda, educación, bienestar y salarios justos, pero eso no se consigue atacando a los sindicatos, ni denigrando de sus dirigentes, quien nos está robando es el empresario, y contra él y su protector, los distintos gobiernos de turno, es que debemos enfilar todas nuestras energías, por ello no debemos asumir una posición obsecuente, en favor de quienes se reparten el país como si se tratara simplemente de un negocio productivo. Lo injusto no es que existan derechos extralegales, lo injusto y además criminal, es que se pretenda nivelar a los trabajadores colombianos con el rasero de la miseria.

La paz y el Sí en el plebiscito
Un grupo guerrillero decide después de 50 años de actividad, de masacres y acciones que solo han dejado muerte y desolación, sentarse con el gobierno a buscar un mecanismo para desmovilizarse y reinsertarse en la vida política nacional. Por primera vez en décadas, se formaliza una negociación, que ha concluido con la firma de unos acuerdos, que deberán ser refrendados por la población con su voto en el plebiscito del 2 de octubre, si el Sí triunfa se estaría, de entrada, poniendo fin a la tradición de hacer campaña cada cuatro años con el tema de la paz o de la guerra, lo que se convertía simplemente en estrategias electorales y negocio muy rentable, particularmente para los promotores de la guerra.

A la par que esto sucedía, lo único que nos hemos ganado los trabajadores en este carnaval, es que progresivamente desmonten nuestros derechos. Tenemos claro que en La Habana lo determinante que se discutió y aprobó es cómo un grupo subversivo abandona la lucha armada y se convierte en partido político, también los temas de las penas, la creación de una jurisdicción especial de paz que los juzgará y asuntos que les son relacionados, como lo informamos en la presente separata. Existe un proceso de desinformación promovido por los enemigos de los acuerdos con lo que se pretende embaucar a los colombianos, se parte de la premisa: divide y reinarás. Se dice que los acuerdos le sirven al presidente Santos, seguramente sí, como también es cierto que los mismos, con toda seguridad, perjudican los planes políticos y económicos que a corto y mediano plazo tienen Álvaro Uribe Vélez y las clases emergentes, a quienes se les acabaría el pretexto de la guerra y tendrían que comenzar a rendir cuentas por sus oscuros nexos con las bandas criminales. Pero a quien realmente benefician es a los trabajadores, al movimiento sindical y al pueblo en general, quienes ya no tendrían que soportar el estigma de que cada vez que tienen que salir a protestar contra cualquier acción de la burguesía inmediatamente se les tacha de guerrilleros, y además porque se estaría dejando de lado un elemento de violencia que impide expresar las diferentes opiniones por el temor al riesgo de perder la vida.

Otro elemento de mucha importancia a tener en cuenta es que quien promueve y lidera la campaña por el No es ni más ni menos que Álvaro Uribe Vélez, el personaje que siendo senador fue ponente de la Ley 50/90 que acabó con la estabilidad laboral, con la retroactividad de las cesantías y dio origen a los contratos a término fijo y a la subcontratación, igualmente fue el ponente de la Ley 100/93, que degradó el derecho a la salud a un vulgar negocio que tiene quebrado al sistema nacional de seguridad social; como presidente de la República decretó la Ley 789/2000 que rebajó drásticamente las indemnizaciones por despido sin justa causa, en otras palabras, quien nos invita a respaldarlo votando No en el plebiscito es el oscuro personaje que nos despojó de la mayoría de nuestros más importantes derechos.

Debemos votar Sí de manera libre e independiente, sin temores y sin confundir ese Sí con un respaldo al gobierno Santos, a quien le hemos presentado un pliego de peticiones a nombre de todos los trabajadores colombianos, y en defensa del cual hemos aprobado un paro general de carácter nacional, que estaremos realizando una vez se resuelva el tema del plebiscito.

cartilla-si-a-la-paz-acebpdf_001

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